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Coño Contra Muslo

El Blog de Ángela
El Blog de Ángela
Hola, guap@, soy Ángela, la puta jefa de este tinglado.
Mi primer, e inolvidable, magreo con una chica, lo tuve a los 16 años con Candela, una chica sevillana, y fue una auténtica casualidad del destino. Ella era la prima de Lourdes, mi amiga de siempre. Esas amigas con las que empiezas en la guardería y ya no te separas hasta que te casas. Esa misma.
Yo estaba en casa de Lourdes, charlando y riendo con ella y su prima, cuando llamó mi madre. Resulta que a mi padre le dio un fuerte dolor de tripas, que resultó ser una peritonitis, y había que operarle de urgencias. Yo había dormido más veces en casa de mi amiga, pero aquel día, como estaba Candela, no había sitio. Mi madre le pidió el favor a la madre de Lourdes, para que me quedara y así fue. La otra casualidad, es que mi amiga estaba algo constipada y, por eso, en lugar de dormir con ella, era mejor idea que durmiera con Candela. Dicho y hecho.
Era principios de verano en Madrid, y nos acostamos en bragas y sujetador. Una sábana era suficiente. Estuvimos charlando, y riendo, de esto y aquello un buen rato. Lo cierto es que yo, nunca había pensado en una relación con otra chica. Mi experiencia hasta ese momento, no superaba unos morreos y un par de corridas, en el Seat Ibiza de Jorge, que por entonces era mi primer novio. Él me masturbaba, yo le hacía una paja y “sanseacabó”. De ahí viene el nombre de mi Muñeco. De mi primer novio. Soy así.
Es cierto que, aunque jamás supe lo que era, Candela tenía algo especial, algo que me atraía. Yo nunca había mirado a una chica desde el punto de vista del deseo. Estábamos tumbadas boca arriba y, en una de éstas, giramos nuestras cabezas, riéndonos de no sé qué comentario, y nos quedamos mirándonos fijamente. Estaba claro que yo no hubiera dado el primer paso. No me hubiera atrevido.
Aquella morenaza andaluza, con unos ojos tan grandes como mis ganas, acercó su boca a la mía y, casi sin darnos cuenta, nos fundimos en un beso largo y húmedo, con una pasión, que jamás he vuelto a vivir y sentir y, creo, jamás viviré ni sentiré.
Nuestras lenguas viajaban de una boca a otra, como serpientes en busca de una presa, y bebíamos de nuestra saliva, como si fuera el elixir que nos mantendría vivas mientras lo sorbiéramos. A veces nuestros ojos se abrían a la vez, y nuestras miradas cruzaban el infinito y volvían de nuevo, para aumentar una furia de deseo que nos envolvía con alas de ángel.
Pese a la excitación, Candela me quitó las bragas, con una delicadeza y una dulzura, como nadie lo ha vuelto a repetir jamás en mi vida. Depositó su muslo entre mis piernas y me invitó, con un suave empujoncito de su mano en mi nalga, a comenzar un movimiento de fricción de mi coño contra su piel, que ha quedado grabado en mi alma, como la experiencia sexual más agradable de toda mi vida. Sin dejar de besarnos en ningún momento, cabalgué y cabalgue, a la vez que bebía aquella saliva, que me alimentaba, hasta que me corrí de una manera, pensando, sin dudarlo, que en aquel instante moriría de placer.
Acto seguido, ella me agarró el muslo con su mano, y se montó en él como si fuera la Diosa de la Eternidad, y cabalgó y cabalgó, hasta que sus ojos me dijeron que se le reventaba el ansia. No sé si los ojos sonríen o no, pero los ojos de Candela me mostraron una sonrisa que jamás olvidaré. El beso aún duró un buen rato, hasta que, sonriendo, separamos nuestras bocas, nos pusimos de nuevo boca arriba, entrelazamos nuestras manos, y nos quedamos dormidas.
Al día siguiente, mientras yo visitaba a mi padre en el hospital, Candela partió para Sevilla, y no he vuelto a verla.
A veces pienso que lo soñé. Pero bebí de la realidad más auténtica. Estuve una gran temporada muriéndome de sed. Hoy en día, aún hay veces en las que se me reseca la boca, pensando en aquel manantial del que bebí. Un manantial que se secó y, por mucho que busque, ningún agua me sabrá igual.
Esa sensación ha quedado grabada en mi cerebro y es la que repito todos los días con mi Muñeca Lara. Soy muy consciente de que no es lo mismo, eso no haría falta ni comentarlo, pero tampoco lo ha sido con otras tías con las que he estado.
Por eso me gusta tanto y tanto magrearme el coño con los muslos de mi Muñequita Lara, y, sin embargo, no me da por hacerlo con mi Muñeco Jorge. A lo mejor es una tontería enorme, pero es así. Y cada vez que follo con una tía, una tía de verdad digo, que no ocurre tantas veces como quisiera, en cuanto puedo aprovechar ese momento, en que los coños están tan calientes que cualquier cosa vale, le agarro el muslo y me lo cabalgo sin piedad. Es un auténtico gustazo.
¡A Follar!
Ángela

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